Historia
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Anecdotas y Tradiciones Navales
El "TIERRA DEL FUEGO II"
EL DESTINO JAPONES
Provista por: Juan Carlos Carrion Fecha: 15-07-2008
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- Se los dije a todos los que me escucharon la primera vez. No jodan con el Destino Japonés. Hay ahí mucho templo, mucho Dios guerrero de ojos fulgurantes desde hace milenios y en los grandes pebeteros de hierro, humeantes en los jardines de las Pagodas, tirensé el humo, aunque tosan, los Dioses los acompañaran, y no se olviden de sacarse los zapatos... Pero un domingo en Kobe, sin la multitud de estibadores hormigas que trabajaron hasta la noche anterior al Primer Oficial o Jefe de Cubierta del “Tierra del Fuego II” le pareció que era hora de enfrentar sus propios temores y acometer un incierto periplo. A Nara ! Nara, la vieja capital del Imperio por los años 700, pero de los 700 en serio, esos mas viejos que Colón, Nara la de la Pagoda de los cinco pisos y el parque de las mil lámparas o mil ciervos. O por lo menos algo así decía el folleto que le había pasado el segundo oficial y que ya lo precedía rumbo a la estación del tren. Como antiguo cruzado, en el tránsito por la planchada reclutó al Pilotín de Cubierta y al Carpintero que miraban el paisaje de los galpones con cara de aburridos. Y al trotecito nomás ya estaban en la estación Sannomiya. Para los barqueros de ELMA que sostenían la aventura de la Línea al Lejano Oriente ,en el 79 en Kobe, la Estación Sannomiya un poquito mas arriba del Daimaru Shopping era un lugar de referencia y además en los carteles indicativos debajo de los signos japoneses estaba escrito en cristiano o algo parecido. Facil para los avispados casi turistas criollos. En la Estación y con el boletero fué mas dificil. Como convencerlo que la idea era ir a Nara y nó a Osaka aunque estuviera en camino y que el boleto era también para volver. Salvados por el gong al arribar el segundo oficial con su esposa y en indescifrable inglés, para el japonés, y para sus colegas, logró los ansiados boletos a Nara haciendo cambio en Osaka. Cosa de chicos. Y al llegar el tren al Track No.2 el Carpintero tuvo una extraña premonición. Vió como en un sueño de neblinas su casita de Lanús, un tejido de alambre con achuras encima y a los vecinos preguntando vaya a saber qué. La imagen del segundo y esposa subiendo en la otra puerta empujados por la multitud, los guardas empujadores y por el Destino Japonés borró su imagen de barrio y lo transportó junto con su Jefe y el Pilotín al fondo del vagón en la última puerta. Pero su Jefe entendía el sonido de los signos y en Osaka fué como si supieran llegar al Kansai Sen, el tren que los depositó en Nara luego de una hora y media de aguantar la respiración viendo como pasaban extrañas estaciones de nombres indescriptibles entre miles de casitas de juguete y campos de arroz. Cierto, Nara no era pasear por la Motomachi Street de Kobe buscando televisores portátiles, nó. El Jefe los llevó a buen trote por la Sanjo Dori hasta el Templo Kofukuji, es decir la pagoda de los cinco pisos y hacia adelante hasta el gran Buda y otros que el Pilotín anotaba concienzudamente en su Libreta de Guardia y que les sirvió, tiempo después en el viaje de vuelta , para reconstruir su odisea. Siempre es dificil volver a casa. Sobre todo en Japón y ahora apurados porque el Carpintero se acordó de que hoy contra la milenaria costumbre de los viernes había fugazza y pizza a la noche. Como todos saben, Nara está al este de Osaka y al este de Kobe así que siguiendo a Colón el asunto se hubiese resuelto facilmente salvo por el hecho que ya anocheciendo el nombre de una estación se repitió. No enseguida sino una hora después de haber salido de Nara y me parece que agarramos la Kanjo Sen !, mientras el Jefe da vueltas el folleto y no coinciden los nombres y ya están quedando solo dibujitos en las estaciones y la gente los mira mal y la pizza se aleja como las achuras en la casita de Lanús, donde está el viejo, mamá? Un japonés se apiada. Ya han cambiado de trenes dos veces. Todos se rien, les dicen jai jai y apuntan con el dedo para cualquier lado. Cada vez mas geishas. El Pilotín tiende a independizarse. El chico ponja es estudiante y les hace un dibujito con las estaciones, los cambios y la recalada a una hamburguesería de Kobe cerca de medianoche. Ojalá quede fugazza piensa el Primero mientras sube la planchada. En el Comedor encuentra al segundo y a su esposa. Rostros macilentos, abatidos los semblantes muerden una porción fria de muzzarela barquera. -Que tal, como fué la excursión, vieron que linda es Nara? -Ma qué Nara! Nunca llegamos. Nos equivocamos en los cambios en las estaciones. Nos pasamos la mitad del tiempo en el tren. Bajamos en Ibaraki y tuvimos que comer en un rancho budista en Kyoto casi en el suelo y la policía nos hizo volver. No salgo mas! -Lo que les dije: el Destino Japonés. Solo dos puertas de diferencia Unos no llegaron, los otros casi no vuelven... Comentarios sobre esta anécdota Del Cap. Mario Lorenzo Togno
Estimados coforistas:
viendo el relato aportado con
respecto a las experiencias vividas en el Lejano Oriente por
distintos compañeros de mettier, puedo decir que he sido sumamente
afortunado, habiendo estado efectivo en el "Catamarca II" por algún
tiempo tuve el placer de realizar varios viajes en esa línea, los
mismos fueron un par de años posteriores a los del relato lo que no
modifica sustancialmente el panorama;
en ninguno de los casos me
quedé con ganas de concurrir a algún lado o realizar alguna
excursión determinada, respetuosamente dejo de coincidir
estrictamente con el amigo Claudio cuando dice:
"...solian ser viajes de terror ya que
los japoneses no son
muy adeptos a ayudar a los que venimos de America ,no importa si es del norte o del sur..."
mi discrepancia es sólo en
cuánto a que no TODOS los japoneses eran poco propensos a la
comunicación con lo occidentales, los que así actuaban por lo
general eran ancianos sobrevivientes de la guerra o sus hijos,
digamos que dos generaciones consecutivas, éstos, aunque entendieran
el idioma inglés, lo negaban para no establecer diálogo con un
interlocutor occidental, dicho particular me sucedió varias veces,
sin embargo orientado por otros nipones el consejo fue buscar gente
más jóven - de ser posible estudiantes de secundaria - con los
cuales se allanarían las dificultades, puedo asegurar que este
método fue 100% efectivo;
brindo algunos ejemplos, una
noche yo debía aguardar hasta las 01:00am puesto que tenía
que comunicarme con Argentina luego de las 13:00 hs (la diferencia
horaria es de 12 hs estando Japón por delante), por tal causa junto
a otro tripulante "hacíamos tiempo" en Kobe para cuando fuese un
horario cercano aproximarnos a la "KDD" (empresa telefónica de Kobe
que permanecía abierta las 24 hs), así fue que desde la Flower Road
en la zona de la estación Sannomiya faltando unos 20 minutos nos
pusimos en marcha;
en la medida que caminábamos
nos dábamos cuenta que no lo hacíamos correctamente ya que a esa
altura ya hubiésemos arribado a la KDD, hasta que nos dimos por
perdidos, de repente apareció una pareja de japoneses, su aspecto
era el de estudiantes terciarios, los detuvimos y les preguntamos si
entendían inglés lo que fue respondido de manera afirmativa
sobretodo por el hombre, allí les planteamos nuestra necesidad de
encontrar la oficina telefónica, acto seguido entre ambos hubo corto
intercambio de palabras en su idioma nativo seguido de un "follow us"
pronunciado por el muchacho;
de esa forma emprendimos la marcha
detrás de la pareja estimando que no deberíamos estar muy lejos de
nuestro destino ya que nos desviamos del camino que ellos traían,
así hicimos SIETE cuadras hasta que llegamos a la KDD, ante mi
asombro por estar tan lejos del punto donde los encontramos les
preguntamos si ellos debían transitar por esa arteria a lo que
respondieron negativamente, que simplemente se desviaron para
llevarnos al lugar requerido, posteriormente y luego de que les
agradeciéramos tan noble gesto y molestia, emprendieron el regreso
hacia su derrota original...
en otra oportunidad regresaba
del centro de Nagoya hacia el puerto, para llegar hasta cercanías de
donde se encontraba surto el Catamarca II debía tomar el subte y un
colectivo, sin embargo no todos los subtes llegaban a "Nagoya-ko",
lugar para efectuar la combinación ferroautomotora, cómo me asaltó
la duda si estaba a bordo del tren correcto, siendo que el coche en
el que viajaba se hallaba casi vacío, no me quedó más opción que
dirigirme a un japonés entrado en años, le pregunté si entendía
ingles y - como era de esperarse - la respuesta fue un largo "Nneeee"
("no" en ese idioma), por medio de señas indicando el tren y
marcando el tono interrogativo pronuncié "Nagoya-ko???" de manera
tal que pudiese interpretar mi pregunta referida a si ese convoy me
llevaría con ese destino, habiendo entendido mi pregunta el nipón
respondió negativamente de manera firme, tocaba con su mano los
pasamanos para referirse al tren y repetía "Nagoya-ko neee!", luego
me hizo señas de que me sentara a su lado y con la mano me indicaba
que esperara, así arribamos a una estación, cuando el tren se detuvo
insistió en que aguardara sentado, siguió otra estación y se repitió
la operación, al arribar a la tercera se puso de pie, se arrimó a la
puerta y me hizo señas para que lo siguiera, bajamos, cruzamos a la
plataforma de enfrente, mientras tanto el tren en que veníamos se
fué, poco tiempo pasó para que llegara una tformación al andén en
que nos encontrábamos, cuando se detuvo el "anciano guía virtual" -
mientras lo señalaba enfáticamente - me decía "Nagoya-ko, Nagoya-ko!"
y me indicaba que ascendiera, cuando lo hice el hombre se quedó en
el andén, me saludó con la clásica reverencia oriental y se marchó,
apenas si pude agradecerle con el superlativo "Domo arigató", cosa
que el retribuyó con una nueva reverencia, así fué que pude llegar a
la famosa "Nagoya-ko", punto terminal por entonces de ese ramal;
en otra oportunidad, estando en
el puerto de Yokohama, esta vez lo hacíamos operando en boya y no
amarrados en muelle, por tal causa la agencia marítima había
dispuesto un servicio de lanchas, que si bien no eran muchas
permitían una cierta movilidad, la última zarpaba a las 24:00hs y
hasta las 07:00hs del día siguiente no se reanudaba el servicio, así
fue que decidimos ir a Tokyo, en principio éramos varios los que
teníamos ganas de dar un paseo por Ginza, pero por diferentes
motivos al momento de iniciarse el paseo quedé solo como perro malo,
lejos de intimidarme aproveché la primera lancha de la tarde y
abandoné el buque;
el muelle de desembarco quedaba
próximo a la estación Kannai, desde allí tomé el tren del servicio
suburbano rumbo a la capital del imperio del sol naciente,
adquiriendo solamente boleto de ida puesto que para el regreso tenía
otros planes, en el andén consulté a unas jóvenes estudiantes de
secundaria sobre cual tren tomar con ese destino, las mismas
gentilmente me lo señalaron cuando arribó, ascendí a la formación,
partimos y después de poco más de una hora de recorrido parando en
todas las estaciones llegué a Tokyo Central, desde allí emprendí una
excursión autoguiada y me fuí a caminar por la imponente avenida
Ginza;
luego de un largo rato de
deambular por la ciudad, y deleitarme con ese paisaje tan
particular, decidí emprender el regreso con intención de abordar la
lancha de las 19:00hs pues la que le seguía era la de las 24:00hs,
tratando de apelar a mis escasos conocimientos de esa urbe me tracé
un rumbo en dirección a la estación de trenes con "WPs" incluídos,
pero aquí se volvió a dar el "síndrome KDD" por lo que me declaré
"auto-perdido", empecé a tratar de contactar gente para solicitar
orientación pero no encontraba los "targets" indicados, eran todos
pertenecientes a las generaciones anti-occidentales, entraba en los
negocios pero tampoco lograba resultados, parece que los horarios de
los colegios y facultades no eran los mismos por los que yo
transitaba y eso hacía que no hubiese alumnado deambulando...
ante la "emergencia" opté por
detener un taxi, ascendí , lo miré al chofer, le pregunté "Do you
speak english?" a lo que el conductor - para mi desazón - respondió
con el conocido "Nneeeee!" a la par que negaba con la mano...
algo que siempre noté es que a
los japoneses les cuesta horrores decir "no", es como que
percibieran que desairan a su interlocutor, para peor cuando dicen
"no" - a diferencia de nosotros - mueven la cabeza de arriba hacia
abajo y agitan una mano de un lado al otro, por eso - para los que
somos del otro lado del mundo - al ver sus cabezas en lo que para
nosotros es un movimiento de afirmación quedamos desorientados, no
discernimos si dice que "sí" o dice que "no", encima de ello antes
del consuetudinario y extenso "Nneeee", evidenciando lo que les
cuesta negar, primero emiten una serie de sonidos guturales
similares a gruñidos de cuzcos desconfiados, para por fin soltar
como último recurso el "Nnneeee!" acompañado de los gestos
descriptos;
volviendo a mi situación dentro
del taxi y viendo que mi retorno empezaba a complicarse, apelé a un
recurso provisto por mi pasión por los trenes, ese recurso consistía
en saber que "tren bala" en japonés se dice "Shinkansen", entonces,
como quien se juega todos los porotos en la final de un partido de
truco echando la falta con 27 le dije: "Shinkansen station, kudasae"
(estación del Shinkansen, por favor) en mi paupérrimo japonés, ipso
facto el taxi driver gritó "Hai!" ("sí" en japonés) y arrancó
prestamente llevándome al lugar deseado;
como dije antes mis intenciones
para el retorno eran diferentes a las de la ida, las mismas
consistían en retornar justamente dándome el gusto de viajar sobre
ese bólido sobre rieles, el que hasta ese momento ostentaba ser el
tren más rápido del mundo, honor que posteriormente le fue arrancado
por el "TGV Francés", por tal causa me dirigí a las boleterías de
esos servicios, allí fuí atendido por un empleado que manejaba un
inglés muy superior al mío, este señor me indicó que el Shinkansen
me dejaría en la estación "Shin-Yokohama", desde allí debería tomar
dos trenes comunes para llegar a Kannai, ello me obligaría a
trasbordar en Sakuragicho y Higashi-Kannagua, no obstante los
tickets me serían vendidos en su totalidad junto al del tren bala,
agradeciendo la información producida me fuí a la zona de
plataformas y abordé una de esas maravillas rodantes;
una vez en Shin-Yokohama seguí lo
previamente indicado y abordé un tren común, sobre el mismo consulté
en inglés a pasajeros de los que intuía podría obtener ayuda, de
manera cordial me indicaron las estaciones donde debía descender y
combinar ya que las mismas no siempre cuentan con carteles con
caracteres occidentales donde leer sus nombres, así fue que llegué a
Kannai sin problemas;
cuando ingresé al embarcadero me
encontré con el Capitán Daniel AGNOLETTI que también regresaba de un
paseo solitario, ambos embarcamos en la lancha de las 19:00hs y
pocos minutos después - mientras le contaba la "Shin-anécdota"
salvadora - arribamos al Catamarca II;
debo decir que Lejano Oriente no
era la panacea para poder establecer comunicación con los naturales
del lugar, sin embargo no creo que Japón fuese el peor lugar, más
dificultades en ese orden se me presentaron en Surabaya (Indonesia),
en Labuán (Isla de Labuán, Borneo, Malaysia), en Bangkok (Thai) de
todos modos cargar las tintas en oriente cuando ciertos países de
Europa no le iban en zaga no me parece justo, en la otrora
Leningrado, como en Gdynia (Pol) o en Wismar (Alemania comunista) no
fue nada sencillo el entablar diálogos con lo naturales;
dentro del hemisferio occidental
Francia era un cuco, la primera vez que fuí los veteranos de la
línea me decían "...los franceses son unos ... de tal por cual, no
te dan ni cinco de bola...", recuerdo que mi debut en suelo francés
fue en el puerto de L´Orient, entonces había un tripulante que
viajaba con su señora esposa, el mismo con autorización del Capitán
- merced a una extensa estadía que el lugar nos deparaba - se
trasladaba en tren hacia París, en tal sentido me pidió que lo
acompañara hacia la estación de ferrocarril puesto que, si bien su
inglés era fluido, su francés era inexistente;
debo aclarar que aunque mis ancestros
por parte de madre son de origen francés (mi abuela era de apellido
Masounave y mi abuelo, vascofrancés, Togno) mi dominio de la lengua
era extremadamente limitado, limitadísimo para hablar con propiedad,
no obstante hay frases que en cualquier lengua sirven de llave
maestra para abrir puertas, una de ellas es "discúlpeme, no hablo
bien XXXX, por favor puede hablar ingés?" donde "XXXX" es el idioma
del lugar, también es muy importante el conocer los saludos mínimos
tal como buen día, buenas tardes, buenas noches, hasta mañana, como
así el saber decir "gracias" y - realmente muy importante y
comprobado justamente en Japón - es saber articular un oportuno "de
nada";
compañeros míos que compartían mis
salidas en Francia decían que no podían creer lo bien que nos
atendían los franceses, por mi parte les manifestaba que se
preocuparan por aprender lo mínimo de lo mínimo, el famoso
"discúlpeme..." era una verdadera ganzúa, abría las puertas mas
pesadas, incluso en Italia misma, allí llegué sin saber
absolutamente nada del idioma pero una prima me instruyó en el
"discúlpeme..." sólo que en este caso en lugar de pedir que se
hablara en inglés solicitaba que lo hiciese de manera despaciosa, a
partir de allí la comunicación estaba asegurada;
verdad es que los idiomas orientales
por su propia configuración son de muy difícil gestión, no obstante
frases mínimas eran asimilables, solamente había que preocuparse por
aprenderlas, con ello se solucionaban varios inconvenientes, había
que animarse y preocuparse un poquitito, nada más;
por lo menos eso fue lo que la
experiencia a mí me dejó, reitero, nunca me quedé con ganas de nada
por falta de comunicación, las limitaciones pasaban porque éramos
marinos mercantes y no turistas, o sea que estábamos trabajando y no
de paseo, a partir de allí las disponibilidades de salidas y
horarios eran mucho más demarcantes, pero la comunicación era algo
que dependía de cada uno y de la preocupación y voluntad que se
dispusieran;
un cordial saludo;
Mario
De Marcelo Albornoz:
Primeramente, debo decir que me resultó
delicioso el relato de Don Mario Lorenzo Togno sobre sus peripecias
barqueras en Japón.
Y, en lo personal, debo coincidir con él
en que no sólo el Japón es una ruta difícil para quien está en tren
de conocimiento "turístico" o de cualquier tipo, si no hay un
dominio del idioma nativo.
Mario pone como otro ejemplo a
Francia...
Agosto de 1994.
Apenas cobrado mi Retiro Voluntario de
ELMA, decidí tomar unas vacaciones con mi mujer de diez días en
París por un valor en pesos que hoy no cubriría siquiera quince
días de estadía en Mar del Plata, viajando en Micro y alojándome en
Hotel Sindical.
Por supuesto, fuimos "gasoleros"...
Mucho subte, "pata", Mc Donalds y un par
de buenas guías de turismo escritas en español nos develaron más
sobre la "Ciudad Luz" que el mejor de los City Tours.
En nuestro itinerario habíamos
establecido un par de días "libres", uno de los cuales decidimos
aprovechar para hacer una excursión de día entero a Bruselas, dado
la cercanía y accesibilidad desde París por tren.
Así, una tarde concurrimos a la Gâre du
Nord con la intención de comprar los pasajes.
Gente de latitudes australes como
éramos, nos sorprendió que se podía comprar los "tickets" a través
de unas bonitas máquinas automáticas que funcionaban insertando
apenas la tarjeta de crédito.
Lo intentamos sin éxito, ya que a cada
intento se nos vendía un pasaje sin indicación de número de asiento
y (sabíamos) era indispensable contar con un número de asiento para
embarcar. Opción: "Cancelar"...
Así optamos por la más "criolla" como
fue visitar a un "ser humano" en ventanilla.
La empleada, una deshabrida rubia casi
adolescente con cara de embole, me atendió farfullando algo en
francés.
En mi pobre francés, producto de dos
años del Idioma en la Secundaria con 9 de Promedio, le indiqué el
día y horario en que quería viajar a Bruselas.
La adolescente no se dio siquiera por
enterada y siguió farfullando.
Así por un par de minutos hasta que
probé con el inglés.
Hice una seña a mi mujer pero ella, a
pesar de tener título de Maestra de Inglés tenía en su contra una
especie de "pánico escénico" para expresarse en esa lengua y me dejó
solo.
Corolario, obtuve dos pasajes a Bruselas
en día y horario pero no pude "marcar" los tickets.
Dos días después, a las 8 de la mañana
estábamos en la Gare du Nord sin saber que hacer, al pie del tren y
sin poder embarcar porque el Guarda me lo impedía.
Acertó a pasar un hombre de cierta edad,
muy bien vestido. Le paré e intenté preguntarle en mi restringido
francés.
Al instante el hombre me reconoció como
extranjero y comenzó a hablar en inglés. Primer punto a favor.
Luego supo que hablaba español y él
también algo sabía, así que nos acompañó hasta una de las "consolas"
automáticas, ingresó el código de los boletos y de inmediato la
máquina nos asignó los lugares.
Así pudimos viajar.
Vuelta de Bruselas a París.
Habíamos terminado nuestro periplo un
poco antes de lo previsto, ya que un Museo que deseábamos visitar
estaba cerrado por refacciones y teníamos dos horas en el "limbo".
Fuimos hasta la Estación Central de
Bruselas sin mayores expectativas de poder encontrar una conexión
que nos dejara más temprano en París, máxime cuando debíamos cambiar
nuestro boletos.
La experiencia en la Gâre du Nord
parisina ya nos había dejado un sabor amargo, salvo por la
intervención de aquél buen hombre.
Me presenté en la boletería y traté de
explicar en francés que quería cambiar los boletos.
El Empleado se dio cuenta por mi acento
que no era Francés y mucho menos Belga y comenzó a hablar en inglés.
Le respondí en inglés y me preguntó, de
buenas a primeras qué idioma hablaba.
-Español- contesté.
El empleado desapareció por un par de
minutos y reapareció con un español a su lado quien me preguntó en
mi idioma qué quería...
Explicado el asunto, el empleado de
boletería me cambió los pasajes y como había un tren de horario
"intermedio" con el mío pero que era semi - expreso (por ende más
caro), cargó a mi tarjeta de crédito la escasa diferencia de precio
entre boletos y me deseó un Buen Viaje con una sonrisa de
satisfacción por haberme ayudado...
Llegamos justo para cenar en un "Burger
King" de Champs Elysées, a pocos metros de nuestro Hotel, el "Elysées
Ponthieu".
Cuestiones culturales y de buena
voluntad, ¿vió?...
Como algunos de ustedes saben, estoy en
el negocio de los Taxis.
También acá hay mucho resentimiento y
mucha "avivada" con el extranjero, pero también habemos gente de
buena voluntad...
Como en Japón, como en Francia, como en
Bélgica, como en cualquier lugar del Globo...
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