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Por Colin
Summerhayes
(Scott Polar Research Institute, University of Cambridge, Lensfield Road,
Cambridge CB2 1ER) y Peter Beeching (402–800
Eglinton Av. W., Toronto, M5N 1G1, Canada).
El original en
ingles, en formato PDF fue publicado en:
Polar
Record,
Volume 43,
Issue 01, January 2007, pp 1-21 doi:
10.1017/S003224740600578X, Published online by Cambridge University Press 16 Jan
2007
NOTA del webmaster
de Histarmar.
Cuando se estaba
escribiendo este artículo, el autor pidió permiso de utilizar
datos e imágenes de Histarmar, que a través de El Snorkel
también le fueron facilitadas, con la intención de que el
articulo final fuera libremente publicado y leído sin costo.
Esto ocurrió en un principio, y por lo tanto coloque un link a
la Universidad de Cambridge que lo publicaba. Dado que en la
actualidad esto no se puede leer a menos que se le pague a la
Universidad, va contra nuestros principios y por lo tanto he
colocado la obra completa (escrita en ingles) en formato PDF en
el sitio web de Histarmar, al cual se puede acceder
AQUI.
Tambien han hecho una excelente traduccion al castellano Irai
Freyre y Carlos Vairo, del Museo Maritimo Ushuaia, a quienes
agradecemos haber dado la posibilidad de su lectura a los
lectores de habla castellana, y que aquí se presenta.. |
RESUMEN. Entre enero y
febrero de 1939, una expedición alemana secreta visitó la Tierra de la Reina
Maud –Dronning (o Queen) Maud Land–, en la Antártida, con la aparente
intención inter alia de establecer una base en aquel lugar. Entre
1943 y 1945, los británicos lanzaron una operación antártica secreta de
guerra cuyo nombre clave era Tabarín. Aparentemente tomaron parte hombres
del Regimiento de Servicios Aéreos Especiales (Special Air Services
Regiment, SAS), las fuerzas británicas encubiertas que operaban tras las
líneas enemigas. En julio y agosto de 1945, luego de la rendición de los
alemanes, dos submarinos alcanzaron las costas de Argentina. ¿Habían estado
en la Antártida para desembarcar un tesoro u oficiales nazis? En el verano
meridional de 1946 – 1947, la Armada de los EE. UU. pareció “invadir” la
Antártida con un gran despliegue de fuezas. La operación, de nombre clave
Highjump, se clasificó como confidencial. En 1958, se detonaron tres armas
nucleares en la región, como parte de otra operación estadounidense
clasificada, de nombre clave Argus. Dada la falta inicial de información
sobre estas actividades diversas, quizá no sorprende que algunos las hayan
relacionado produciendo un patrón en el cual los gobiernos resultarían
acusados de ocultar información sobre “lo realmente sucedido”. Estos datos
servirían para crear el mito de una gran base alemana en la Antártida y de
los esfuerzos aliados por destruirla. Partiendo de los saberes sobre la
Antártida y de la información relativa a estas actividades publicada desde
principios de la década de 1940, se demuestra lo siguiente: los dos
submarinos no pueden haber llegado a la Antártida; no existió una base
alemana secreta durante la guerra en la Tierra de la Reina Maud; las tropas
de los SAS no atacaron la supuesta base alemana; los hombres del SAS que
estaban en la región en aquel momento se desempeñaban en trabajos civiles;
la Operación Highjump se ideó para entrenar a la Armada de los EE. UU. para
una posible guerra contra la Unión Soviética en el Ártico, y no para atacar
una supuesta base alemana en la Antártida; y la Operación Argus tuvo lugar
en el océano a más de 2000 km al norte de la Tierra de la Reina Maud.
Posteriormente, estas actividades se desclasificaron y ya no resulta difícil
separar la fantasía de la realidad, a pesar del hecho de que a muchos les
parece tentador no hacerlo.
Introducción
Una de las expediciones
antárticas menos conocidas es la de los alemanes que, a bordo de una nave
llamada
Schwabenland,
estuvieron en el
continente blanco entre el 17 de diciembre de 1938 y el 12 de abril de 1939,
unos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Esta expedición
visitó la parte occidental del territorio que actualmente se conoce como la
Tierra de la Reina Maud (Fig. 1).
La expedición surgió de la
preocupación del gobierno alemán por el futuro de la industria ballenera
nacional. En esa época, la caza de ballenas era una actividad importante
que suministraba aceite, lubricantes, glicerina (para producir la
nitroglicerina usada en explosivos), margarina y otros artículos de primera
necesidad (Lüdecke 2004: 75; Mills 2003: 552). Alemania invertía mucho en
esta industria y su flota ballenera estaba integrada por cincuenta buques
cazadores y siete buques factoría, los cuales produjeron 492 532 barriles de
aceite en la temporada ballenera de 1938 – 1939.La flota operaba frente a la
costa de la Tierra de la Reina Maud, que había sido descubierta por
balleneros noruegos (Christensen 1935, 1939), pero todavía no se la conocía
oficialmente por dicho nombre. Este territorio se había reclamado en nombre
de Noruega, pero sin un anuncio oficial por medio de una proclama real (Mills
2003). El gobierno alemán lamentó no encontrarse en la misma situación en lo
referente al Atlántico Sur, en donde Gran Bretaña imponía su derecho de
cobrar derechos altos por las concesiones balleneras e imponía restricciones
sobre esta actividad. Por lo tanto, se planificó una expedición secreta para
reclamar un área de la Antártida para Alemania y buscar allí un lugar
adecuado para una base de la flota ballenera alemana (Lüdecke 2004; Mills
2003).
La expedición fue
autorizada por Herman Goering como parte del plan alemán de desarrollo
económico de cuatro años. Entre los objetivos que se admitieron
públicamente se encontraba la continuación de los estudios científicos
iniciados anteriormente en ese siglo por
Erich von Drygalski,
aproximadamente a los 90° E, y por Wilhelm Filchner en el Mar de Weddell.
Pero también tenía algunos
objetivos militares secretos. En el viaje de regreso, tendría la misión de
investigar si las aisladas islas brasileñas Trinidade y Martín Vaz, ubicadas
a prácticamente 1000 km al este de Victoria en Brasil, eran adecuadas para
el desembarco de la Armada Alemana, especialmente para los submarinos (Lüdecke
2004:81). Además, según Mills (2003: 552), Goering deseaba saber más sobre
cualquier oportunidad estratégica que pudiera ofrecer el Atlántico, y
también aprender sobre el funcionamiento de los aviones a bajas
temperaturas, conocimiento que demostraría ser útil durante la invasión
alemana a la Unión Soviética.
Se planeó una serie de
expediciones. La primera, en el período 1938–1939, iba a trazar mapas de la
región por aire con fines de descubrimiento y exploración antes de presentar
reclamos territoriales o decidir en dónde ubicar una base ballenera. La
expedición logró, en gran parte gracias al buen tiempo, sobrevolar el
territorio entre los 5° O y los 15° E y pudo utilizar fotografía aérea
oblicua para trazar mapas de un área de unos 250 000 km2 entre
los 11° O y los 20° E aproximadamente, zona a la que denominaron
NeuSchwabenland
(Brunk
1986: mapa 3; Mills 2003).
En esta área descubrieron una nueva cadena montañosa de más 800 km de
extensión y 3000 m de altura a unos 200 km de la costa (Ritscher 1942).

Fig. 1.
La Tierra de la Reina Maud, las montañas Mühlig-Hofmann y
otras, la ubicación de la base Maudheim de la Expedición Antártica Noruego
Británico Sueca de 1949 – 52, y las ubicaciones de las actuales bases
nacionales. Un recuadro muestra el sitio de la Tierra de la Reina Maud en la
Antártida. Las cotas se muestran a intervalos de 500 metros. El sombreado
indica las plataformas de hielo a lo largo de la costa. Los afloramientos
rocosos se representan en colores plenos. (Cortesía de Stein Tronstad,
Norwegian Polar Institute).
Los noruegos no habían
visto estas montañas nuevas cuando exploraron y fotografiaron el borde
frente a la Tierra de la Reina Maud desde el aire durante la expedición del
Norvegia de 1929. Sin embargo, habían descubierto las Montañas Sør
Rondane 200 km tierra adentro cerca de los 26° E, el 6 de febrero de 1937
(Christensen, 1939).
Las expediciones alemanas
de seguimiento planificadas para 1939–1940 y 1940–1941, que podrían haber
conducido a la construcción de una base si el reconocimiento hubiera sido
exitoso, no se pudieron llevar a cabo por el estallido de la guerra (Lüdecke
2004: 86–89). Los autores no pudieron hallar ningún documento alemán que
indique que la actividad alemana continuó en la Tierra de la Reina Maud
después de la expedición del Schwabenland y durante la Segunda Guerra
Mundial (ver también Lüdecke 2004).
De hecho, no hubo actividad alemana oficial en la Antártida hasta después de
1959, cuando los primeros alemanes pisaron la Tierra de la Reina Maud con la
expedición rusa al Oasis Schirmacher (Gernandt 1984).
Por el contrario, los
británicos tuvieron presencia en la Antártida durante la guerra. Como parte
de sus aspiraciones coloniales, Gran Bretaña reclamó el segmento de la
Antártida ubicado entre las longitudes 20° y 80° O, que incluye la Península
Antártica y prácticamente todas las islas circundantes, las Shetland del
Sur, Orcadas del Sur, Sandwich y Georgias del Sur, cuyo conjunto se hizo
conocido como Islas Malvinas y sus Dependencias; las Islas Malvinas eran las
colonia británica más cercana (Fuchs 1982: 20). La posesión formal de
estos territorios se promulgó por Carta Patente en 1908 (enmendada en 1917).
Entre 1925 y 1947, Argentina reclamó prácticamente la misma región, al igual
que Chile en 1940 (Fuchs 1982: 20–21).
Teniendo en cuenta que, a
comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Argentina y Chile mantenían buenas
relaciones con Alemania, Gran Bretaña decidió, durante la guerra, que
necesitaba demostrar ocupación como una de las vías para refutar estos
reclamos coincidentes. Los británicos eligieron hacer esto estableciendo
bases con una dotación permanente que pudiera ser aprovechada para obtener
información sobre la actividad naviera, para negar el uso de puertos a los
barcos alemanes y para brindar apoyo a los equipos de investigación que
desempeñaban tareas de descubrimiento geográfico e investigación científica
(Fuchs 1982: 22 - 54). Con el fin de impedir que los enemigos potenciales
usaran las islas como bases, se envió en principio al HMS Queen of
Bermuda a Isla Decepción, en la costa oeste de la Península Antártica,
en marzo de 1941 para destruir las reservas de carbón y perforar los tanques
de combustible. Argentina había colocado marcas de soberanía en Isla
Decepción. Pero éstas fueron destruidas en enero de 1943 por el HMS
Carnarvon
Castle,
que izó allí la bandera del Reino Unido (Sullivan 1957).
En 1943, Gran Bretaña
comenzó a planificar la ocupación del territorio. La Armada Real montó un
ejercicio militar secreto, bajo el nombre clave Operación Tabarín, para
establecer bases en la península y en las islas situadas al oeste (Fuchs
1982: 22–54; Mills 2003: 489). Según estos autores, los intereses británicos
durante la guerra no alcanzaban a la Tierra de la Reina Maud, 1000 km al
este cruzando el Mar de Weddell.
El siguiente hecho bien
documentado relacionado con el tema de este trabajo tuvo lugar en las
primeras horas del 10 de julio de 1945, dos meses después de la rendición
alemana, cuando un submarino alemán, un U-530, entró en la base naval
argentina de Mar del Plata (NARA 1985; Blair 1998). Aparentemente el
Teniente de Navío
Otto Wermuth, el Capitán del
U-530,
creyó que los argentinos le darían la bienvenida. Su llegada originó muchas
especulaciones. Ignorando las noticias del suicidio de Hitler el 30 de
abril, muchos creyeron que ese U-530 se las había arreglado para
hacer desaparecer de Alemania a Hitler, Eva Braun, Martin Bormann y otros
como por arte de magia y que los había desembarcado en la costa de la
Patagonia o en una ‘Nueva Berchtesgaden’ en la Antártida. El 16 de julio,
se publicó un informe detallado del supuesto vuelo de Hitler y su escondite
en la Tierra de la Reina Maud, Antártida, en el periódico argentino
Crítica, firmado por
Ladislas Szabo, un exiliado
húngaro que vivía en Argentina (Szabo 1947: 8). Se reprodujo en los diarios
más importantes de todo el mundo, por ejemplo con el título “Hitler
congelado en la Antártida” (Hitler’s on Ice in Antarctic) en Toronto (Toronto
Daily Star, 18 de julio de 1945). Las especulaciones arreciaron cuando
el U-977, comandado por
Oberleutnant Heinz Schaeffer,
apareció en Mar del Plata el 17 de agosto (Schaeffer 1952; NARA 1985; Blair
1998).
Como al final de la guerra
la Argentina se sumó a los Aliados, Wermuth y Schaeffer y sus tripulaciones
se convirtieron en prisioneros de guerra y fueron interrogados por la Armada
Argentina, la Armada de los EE. UU. y la Armada Real Británica (Schaeffer
1952). El interrogatorio se centró en si Hitler y/u otros oficiales nazis
de alto rango habían en realidad escapado de Alemania en submarino.
Finalmente los interrogadores se convencieron de que el arribo tardío de los
submarinos al Atlántico Sur era totalmente inofensivo. Wermuth y Schaeffer
fueron liberados.
Pero eso no puso fin a las
especulaciones. En su libro
Hitler is alive
(Hitler está vivo), publicado
en 1947, Szabo afirmaba que los dos submarinos eran parte de un convoy que
había trasportado a Hitler y otros jerarcas del Tercer Reich a la Antártida,
en donde el Schwabenland, a las órdenes del Almirante Dönitzse, había
erigido “Nueva Berchtesgaden” entre 1938 y 1939.
A pesar de las negativas de Schaeffer (Schaeffer 1952), el rumor continuó
propagándose (ver Mattern y Friedrich 1975: 68; Landig 1980).
Buechner y Bernhart (1989:
216) aportaron un a versión diferente: afirmaban que Hitler realmente había
muerto en su búnker de Berlín, pero que luego el
U-977
había trasportado sus
cenizas a la Antártida, en convoy con otros submarinos, en route a
Mar del Plata. Según estos autores, las cenizas se depositaron junto con
otros tesoros nazis en seis cajas de bronce forradas en plomo que el
U-530 había desembarcado en la Tierra de la Reina Maud y colocado en una
“cueva natural de hielo muy especial en las Montañas
Mühlig-Hofmann” (Buechner
y Bernhart 1989: 188). Para otorgar un aire de autenticidad a este cuento,
Bernhart afirmó haber sido integrante de la tripulación del U-530,
a pesar de que su nombre no figura en el manifiesto del U-530 que
proporcionó la Armada Argentina (Szabo 1947: 13–14).
Al igual que el convoy
fantasma, “Nueva Berchtesgaden” parece ser producto de la imaginación de
Szabo (1947: 155) y desde entonces ha sido uno de los elementos preferidos
de la mitología nazi (Goodrick-Clarke 2002). Varios autores aceptan la
existencia de la supuesta base y que hubo una conspiración para ocultar
información sobre el lugar (por ejemplo, Mattern y Friedrich 1975; Friedrich
1979; Stevens 1997, 2003; Choron fecha desconocida; Farrell 2005; y Robert
2005a 2005b, 2005c). Ampliando los dichos de Szabo (1947: 200–202), y
construyendo cada uno sobre la base del anterior, van más allá y sugieren
que las fuerzas estadounidenses atacaron la base alemana durante la
Operación Highjump en el verano meridional de 1946 – 1947, que esas fuerzas
fueron repelidas por las armas secretas de los defensores alemanes, y que en
consecuencia las fuerzas estadounidenses tuvieron que abandonar el área
antes de lo que estaba previsto. Con el paso del tiempo, este cuento se
tornó más elaborado.
Robert (2005a, 2005b, 2005c)
publicó recientemente una versión distinta de estos hechos en una trilogía
titulada Britain’s secret war in Antarctica (La guerra secreta
británica en la Antártida). Robert asevera que no sólo realmente hubo una
base alemana secreta en la Tierra de la Reina Maud durante la Segunda Guerra
Mundial, sino que además los británicos la espiaron desde su propia base
secreta en la Tierra de la Reina Maud. Este autor afirma que los SAS del
Ejército Británico atacaron e intentaron destruir la base alemana cerca de
la Navidad de 1945. Según Robert (2005c), ese intento fue infructuoso, como
también lo fueron los posteriores intentos de la estadounidense Operación
Highjump, y la base alemana finalmente fue destruida mediante la explosión
secreta de tres bombas atómicas que se lanzaron sobre ésta en 1958 como
parte de las actividades del Año Geofísico Internacional. Robert (2005c)
afirma que la verdad sobre la base alemana y los ataques que Gran Bretaña y
los Estados Unidos lanzaron sobre ella fue ocultada deliberadamente por los
gobiernos de los dos países. El autor describe a este supuesto ocultamiento
como “Una farsa de la historia”.
Si
fueran verdaderas, las teorías de Szabo, Robert y otros que se enumeran más
arriba serían fascinantes para la historia y la ciencia. Es más, existe un
elemento de verdad en todos estos cuentos. Los alemanes realmente
intentaron construir una base en la Tierra de la Reina Maud. Además, sí
que hubo bases británicas secretas en la Antártida durante la Segunda Guerra
Mundial. La Operación Highjump sí que fue principalmente un ejercicio
militar cuyos resultados inicialmente se clasificaron y ocultaron a los ojos
de la opinión pública.
Sí
que se produjeron tres explosiones nucleares secretas dentro de la región
general en 1958. ¿Pero se pueden entretejer estos hechos para armar un
cuento global con un hilo conductor, como Robert, Stevens, Farrell,
Friedrich, Mattern y Choron pretenden hacernos creer? ¿O son simplemente
fragmentos sin fundamento de la leyenda de la mitología nazi sobre la
supervivencia de Hitler como sugiere Goodrick-Clarke (2002)?
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