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El mejor articulo publicado
en la prensa argentina, por lejos, fue en el diario
de La Plata, en su edicion del domingo
11 de marzo de 2007. Publicamos aqui el articulo íntegro, ya que es un
ejemplo de periodismo. Es interesante comparar con los demas diarios
"grandes", y ver que tipo y cantidad de informaicon dió cada uno. La
tipografia y layout ha sido modificada para publicar en Histarmar.
CARLOS VAIRO EN BUSCA DE LOS PRIMEROS
VISITANTES DE LA ANTARTIDA
El investigador de los témpanos
El museólogo que dirige “el
presidio” de Ushuahia y estudió en la UNLP volvió de liderar una nueva
expedición internacional en busca de los rastrosque dejaron los primeros
cazadores de ballenas, lobos y focas. Muchos de los hallazgos fueron
posibles por el deshielo: dos nuevos puertos naturales, botes, restos de
barriles, huesos, amarras y hasta cables de acero. Huellas dejadas en el
hielo por viejos marinos que nunca pudieron regresar El investigador de
los témpanos

Señor de los hielos. Vairo, en el
Puerto Lock Roy, un cementerio de ballenas impactante
La experiencia de dirigir
una expedición internacional fue para Vairó muy buena. “Cuando se está
organizando y se está por salir hay mucho nerviosismo, impaciencia,
angustia y hasta temor. Pero una vez en la Antártida todo se hace más
armonioso porque todos comprenden lo duro del lugar y reconocen la
autoridad de los más veteranos”.
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“Podría decir que mi
trabajo es como hacer una pesquisa detectivesca”. Carlos Vairó es como un
marino curtido, aunque sus artes no son las de pilotear en la tormenta, ni
esquivar bloques de hielo en el mar Antártico. Conoce como pocos los
rincones del continente blanco y es capaz de identificar por pequeños
indicios, por huellas imperceptibles para cualquier mortal, las señales
dejadas por el hombre en otros tiempos.
Es un museólogo y
antropólogo que estudió en la facultad de Ciencias Naturales de la
Universidad Nacional de La Plata (UNLP), pero hace tiempo se radicó en
Ushuaia, donde hoy dirige el Museo Marítimo de la capital fueguina, que
funciona en el mítico presidio. Pero sus años de investigación en torno a
los primeros visitantes de la Antártida lo convierten en una referencia
ineludible para cualquier equipo que quiera internarse en los hielos con
ese mismo objetivo.
Vairó es un perseguidor de los rastros que en la Antártida dejaron los
primeros cazadores de lobos y focas, británicos y norteamericanos que
llegaron en las primeras décadas del siglo XIX, y de ballenas,
mayoritariamente noruegos, que estuvieron en los primeros 30 años del
siglo XX.
Como tal, el investigador
argentino se constituyó en el líder de la expedición internacional que
zarpó el 29 de enero pasado y regresó el 20 de febrero a bordo de la Dama
de hielo (el Ice Lady Patagonia), de cuya partida Hoy dio cuenta algunas
semanas previas a la partida. El Canal de Beagle fue testigo de aquella
suelta de amarras en la que un pasaje heterogéneo, de cerca de 40 personas
entre investigadores, tripulantes y artistas, se internó en una nueva
aventura.
Había argentinos, españoles, portugueses. Pero como la misión no se limitó
sólo a la búsqueda de viejos visitantes, también estuvieron a bordo el
afamado fotógrafo inglés Sebastián Copeland, y su primo actor Orlando
Bloom, el que se hizo más conocido por roles como los desempeñados en El
señor de los anillos, Piratas del Caribe y Troya.
Objetivos cumplidos
Como balance del viaje, Vairó contó a Hoy tras su regreso que “la
expedición tuvo una gran importancia porque pudimos recorrer muchos
puertos naturales donde los balleneros realizaban su trabajo, o que eran
tenidos como punto de recalada”.
Buena parte de los objetivos pudieron ser cumplidos. “Como toda
expedición, y más en la Antártida, el tiempo y el azar ayudan o juegan en
contra. Por suerte, de un objetivo de once lugares a estudiar cumplimos
con nueve. Y esto es muy bueno”, dice el investigador. Aunque se lamenta
porque siempre va a quedar la incógnita de esos dos puertos que tuvieron
que ser borrados del itinerario, Vairó se consuela porque eran desde el
comienzo los más probables a ser descartados dado que sus referencias
históricas eran muy vagas. “Teníamos consignas imprecisas, generales, como
por ejemplo: en cercanías de la Bahía Margarita, y eso suponía un vasto
lugar para recorrer”.
La conclusión final es que los lugares que sí pudieron ser relevados,
confirman todo lo estudiado y trabajado desde hace años respecto de los
balleneros que estuvieron en suelo antártico en las primeras décadas del
siglo XX. “Y concretamos hallazgos de objetos que desde 1921 estaban allí
y nadie los había visto o reportado.
Todo ayuda a reconfirmar los datos históricos que fuimos encontrando en
archivos o aportados por otros historiadores”.
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| Una imagen
fantasmagórica y mil especulaciones
La imagen muestra el casco de un bote
camuflado con el blanco infinito de la Antártida. Su silueta apenas se
perfila y sólo el color óxido de una cadena de amarre rompe la monotonía.
Puede ser una postal, pero la foto capturada en Canal Herrera, en un un
islote cercano a Cuverville Island encierra una historia, y en torno a
ella especula el líder científico de la campaña antártica del Ice Lady
Patagonia.
“Puede observarse la cadena de amarre y los cables de una factoría
flotante. Evidentemente, dejaron un bote que les servía para el amarre,
tendrían idea de volver a usarlo. Es de una muy tosca confección la que,
seguramente, se realizaría a bordo. Según nuestros datos debe estar en el
lugar desde 1921”, explica Vairó.
Pero el científico tiene varias consideraciones importantes para hacer
sobre el bote: por un lado, “podríamos decir que desde esa fecha nadie
regresó al lugar con fines de investigación, es tal vez por eso que nunca
encontraron nada, ni lo anunciaron ni lo fotografiaron”. Vairó cree que
las expediciones ”han estado pasando cerca del lugar sin descender a
tierra, pues al lugar sólo se puede llegar con botes de goma y con mucha
precaución. Los indicios -por los cuales la expedición decidió descender-
los tuvimos por una coloración rojiza en una roca, era como si estuviese
cortada. En realidad era una cadena oxidada, luego vimos todo el resto”.
Respecto de lo cables hallados en el lugar, “suponemos que con una
tormenta del norte fueron cortados por la factoría.
Dejaron un bote, ¿cuál sería su propósito? ¿Abandonaron el lugar pensando
volver? Esos datos nunca se confirmarán”.

El Nunatak Negro, donde el bote fue detectado, “lo podemos llamar un
semáforo en la Antártida, dado que sin instrumental preciso y con tiempo
muy inestable posiblemente sirvió como un punto de referencia más que
notable”.
“Toda una expedición desde Noruega puede encontrar en él un buen punto de
reunión -dice Vairó-. Es decir, cruzaban el mundo sólo con algunas
referencias y se internaban en la Antártida (un mundo totalmente
desconocido). Para ellos sería como ir a la Luna y que te digan: cuando
veas un cráter ovalado esperanos que en unos días llegamos”.
Sobre la modalidad de trabajo en el lugar, Vairó cree, en base a su
observación, que los balleneros trabajaban como factoría flotante. “Los
catchers traían las ballenas hasta la factoría flotante y allí se
depostaba ésta. En grandes calderas se derretía la grasa hirviéndola con
agua dulce. Usaban hasta 300 toneladas de agua por día”.
En esta misión “pudimos observar más cosas dejadas por esos balleneros
entre 1912 y 1924”. “La nieve, al no ser tan abundante y el retiro del
hielo, dejaron a la vista amarras, vitas, cadenas, señales de hierro, y
otros objetos” que sufrieron las consecuencias de siete décadas en el
hielo.
Un puerto que era el punto de reunión
“Este es Puerto Orne en la Península
Antártica. Se trataba de un puerto que, en realidad, era punto de reunión
de las flotas balleneras. En especial de Christian Andersen. Está muy
cerca de Cuverville Island, donde encontramos el bote y las cadenas. Es un
hermoso y protegido puerto usado desde 1912, que servía de punto de
reunión de los catchers y buques de la expedición”, explica
Carlos Vairó.
Es el puerto que se caracteriza por tener un punto notable, el Nunatak
Negro, que es una de las paredes de ingreso. Se trata de un cerro de unos
200 metros de altura que cae a pique y nunca acumula nieve.


Pingüinos barbijo trepando
el Nunatak Negro
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| ¿Cuáles
fueron esos hallazgos?
Vairó habla de la
importancia que tiene la localización de dos nuevos puertos con restos de
actividad ballenera, en los que se detectaron huesos de los mamíferos
marinos, amarras de cadenas y cables de acero, botes y restos de barriles.
“Se nota claramente que todo fue abandonado pero con idea de ser utilizado
más adelante. No con la idea de irse y no regresar”.
Ese retorno nunca se produjo, y mucho tuvo que ver una crisis global. “El
corte de esas primeras expediciones fue abrupto por el quebranto y la
depresión consecuente de los años 1929 y 1930, después del gran boom que
tuvo la explotación ballenera”.
La era del deshielo
El material encontrado allí todavía no tiene un difusión masiva, aunque se
espera la publicación de un libro y un video documental. Pero no es
retirado de allí. “Sólo nos limitamos a estudiarlo en el lugar, a
fotografiarlo, a realizar los planos y las reconstrucciones gráficas”,
explica el investigador, que cree “por un lado es una lástima porque año
tras año vemos el rápido deterioro que sufre”.
Ese deterioro está directamente vinculado con el calentamiento global y el
cambio climático. “Puedo decirle que la Antártida de 2003 no es para nada
similar a la que vimos en esta campaña de 2007. Lugares, islas, puertos,
caletas, que antes estaban cubiertos de nieve y hielo, hoy tienen musgos y
líquenes”. Vairó menciona como ejemplo lo que pudo ver en Puerto Charcot,
en Puerto Le Francaise, en Puerto Governoren, y en todas las islas
cercanas. “Es un gran cambio que hace que todo lo que sea de madera
(botes, barcazas, toneles, galpones) colapse”.
Los efectos del
calentamiento y el derretimiento de los hielos fueron comprobados a lo
largo de toda la travesía. El Ice Lady Patagonia zarpó de Ushuaia, pero la
tormenta lo obligó a demorar el cruce por el pasaje de Drake. La espera
fue en Harberton.
Cuando por fin el clima mejoró, la nave llegó a la isla Livingston y luego
se lanzó a cruzar el Mar para recalar en la Isla Brabant, lugar donde se
estudió un puerto y una bahía. El viaje siguió hacia la Isla Anvers, donde
se estudiaron tres puertos balleneros más, el Canal Schollaret, Puerto
Leith, Andrews Point e Isla Falsa, un lugar típico de faena de ballenas.
Vairó no deja de enumerar
puntos antárticos con la misma soltura con las que podría mencionar los
días de la semana. “Continuamos hacia el sur a Port Lockroy -se apasiona-,
al Canal Lemaire, a Bahía Paraíso, donde estudiamos dos puertos más, a
Puerto Neko, al Canal Herrera que tiene cinco puertos para estudiar (el
Cuverville Island, Port Paul, Orne, Anna Cove, Selvick Cove), todos
lugares balleneros”.
En la última etapa de la misión la Dama de hielo tocó la Enterprise Island
y la Isla Nansen, “donde se buceó y se realizaron recorridas en las que se
encontraron restos en cantidades”. Y, finalmente, fue el turno de la
Isla Decepción, última parada antes de emprender un benévolo cruce de
retorno por el Canal de Drake, en el que el sol fue el gran protagonista.
Estos
son algunos de los tantos botes hallados en la expedición. Conocidos como
Water Boats, porque transportaban agua dulce para las calderas de los
vapores. También se los usaba para trasladar carbón, explosivos y comida.
Las embarcaciones de la imagen trabajaron para la factoría flotante del
Governoren en Svend Foyn.
Toneles a merced del sol
“Estos
toneles para el aceite de ballena se desarmaron al resecarse. Se debe a
que se derritió las nieve y el hielo que los cubría. Por
lo tanto, se resecó la madera. Estos depósitos eran utilizados por
distintas compañías balleneras que operaban, fundamentalmente en
Enterprise Island”.
“Es evidente que el clima cambió y la temperatura promedio aumentó mucho.
Unos 3 grados. Durante toda la travesía no tuvimos temperaturas debajo de
los 0º. Esto lo podemos ver reflejado en los barriles y demás elementos
que vamos hallando, dado que tan sólo en 2003 estaban bajo nieve y en 1994
ni sabíamos que estaban”, dice Vairó.
“La imagen también nos indica que esto fue dejado o puesto antes de que
fuera cubierto por la nieve. Son períodos naturales del mundo. Sabemos que
hasta mediados del ‘75 hubo un enfriamiento y ahora estamos en un
calentamiento de la Tierra”.

La factoría flotante
Governoren de unos 100 metros de eslora se incendió y hundió a fines de
enero de 1916 en Svend Foyn isla Enterprise. “Este es el buque que
buceamos en repetidas oportunidades. Estaba hasta el uniforme del capitán
colgado en su camarote. Nunca nadie lo había buceado. Hasta que lo hicimos
nosotros por primera vez en 2003”.
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| Celebridades a
bordo Uno de los datos
anecdóticos de la última expedición del Ice Lady Patagonia es el glamour
aportado por la presencia a bordo del actor Orlando Bloom, y su primo,
el fotógrafo Sebastián Copeland.
Durante el viaje ambos artistas trabajaron juntos en la realización de un
video clip para Global Green sobre el calentamiento global, el que tendrá
música original de Sting, y será presentado durante este Año Polar
Internacional.
Paralelamente, Copeland forma parte de un campaña de alerta por el
calentamiento global, y estará haciendo fotos de la Antártida y el Artico
hasta mayo próximo.

En la foto, Bloom es bautizado, un rito que
atraviesan todos los que por primera vez hacen semejante viaje. Detrás,
operando una cámara, puede verse a Copeland. El actor inglés se hizo
famoso por su papel de Legolas, uno de los protagonistas de El señor de
los anillos. Pero convertido en actor de moda en Hollywood, volvió a
triunfar con Troya y Piratas del Caribe. |
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Abajo esta la version
publicada por ELMUNDO.ES, el 13 de Marzo del 2007. |
Una expedición española localiza los
últimos restos de los balleneros que faenaron en la Antártida
Tras
semanas de expedición en el Ártico, los miembros de la expedición española
'BFGoodrich Antárica 2007' han regresado a casa con buena parte de sus
objetivos cubiertos. No sólo han encontrado los últimos restos de los
balleneros que faenaron en las frías aguas del polo sur. Además, han
logrado identificar el 'Nunatak negro', el considerado 'semáforo'
antártico, mítico punto de referencia que usaron los cazadores de cetáceos
para orientarse en la Península Antártica.
El grupo de
investigadores, liderado por Luis Ramos y Carlos Vairo, faenaron en aguas
de la Península Antártica a lo largo de tres semanas a bordo del
buque-museo 'Ice Lady Patagonia', tras el rastro de los primeros
pobladores antárticos, concentrando su exploración en una decena de
localizaciones no recorridas desde los años veinte, en las que se
esperaban hallar nuevos vestigios humanos de esa época.
El principal
hallazgo de los investigadores llegó en una de las últimas salidas, en el
Canal Errera a la altura del paralelo 65. El avistamiento de una gran
cadena y cables de amarre en un islote cerca de Curveville Island, dieron
la pista para alcanzar Puerto Paul. Allí los expedicionarios sitúan el
lugar donde atracó la factoría “Palsehola” a principios de siglo. El
emplazamiento es de especial valor, puesto que lo encontraron intacto
desde que fue abandonado por sus primeros pobladores.
El fondeadero
natural Puerto Paul –bautizado así por la base allí establecida, la
Paslehola-, fue utilizado por última vez en 1921-22 por la 'Sostrief'. Los
únicos restos localizados en el lugar son un pequeño un bote de cinco
metros de eslora, rudimentario, típico de la época, abandonado junto a
cadenas oxidadas y de amarre.
“Estamos
satisfechos con los resultados de la investigación, sobre todo, porque
durante décadas, turistas avistadores de ballenas minke e investigadores
han pasado cerca del lugar sin saber lo que había en tierra”, señaló Luis
Ramos.
Los bajos
fondos de la bahía daban protección a los balleneros para el trabajo,
puesto que las rocas contenían los hielos e icebergs, por lo que sólo es
accesible con botes de goma y con mucha precaución. “Los indicios de
vestigios humanos los tuvimos por una coloración rojiza en una roca con
forma horizontal, como si estuviese cortada”, aclaró Carlos Pedro Vairo,
director de la investigación.
La factoría
flotante Palsehola es la última de las grandes bases balleneras que
restaba por situar dentro de la Península
Antártica.
La mayoría de los restos de factorías de la industria ballenera se
localizan en torno a la isla Enterprise.
Otro de los
principales hallazgos realizados por la expedición se encuentra a tan solo
6 kilómetros de distancia, en Orne Harbour, un puerto protegido usado
desde 1912 que servía de punto de reunión de los balleneros –‘catchers’- y
buques de expedición. Allí los expedicionarios localizaron el Nunatak
Negro, considerado el ‘semáforo de la Antártida’ dado que, sin
instrumental preciso y con un tiempo muy inestable, era una referencia
para los navegantes.
El Nunatak, una
pared de roca negra de 200 metros de caída que no acumula nieve, servía de
punto de reunión para los balleneros procedentes del norte de Europa
(especialmente noruegos y británicos), ya que “con un simple dibujo era
posible guiar a los barcos por el Estrecho de Gerlache hasta el Nunatak
negro y amarrar en el puerto aledaño, Orne Harbour, o 6 millas más allá,
por el Canal Errera, hasta la pequeña isla donde hemos encontrado grandes
amarras”, explicó Vairo.
Los
investigadores, tras 14 años visitando la Antártida, también han podido
observar síntomas de los posibles efectos del cambio climático en la zona,
ya que los lugares investigados que eligieron los balleneros a comienzos
del siglo XX fueron tapados por sucesivas nevadas y se congelaron,
mientras que durante la última visita muchos de ellos estaban nuevamente
al descubierto.
13/03/07
ELMUNDO.ES |
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