Historia
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EL USO DE CANOAS ENMASCARADAS DURANTE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA
Por Luis Fernando Furlan - Publicado en el Boletin del Centro Naval Nº 800, Vol. 118 de Diciembre del 2000. Imagenes del archivo de Histarmar.
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La Guerra de la trippe Alianza (1865-1870) fue el conflicto más sangriento que se desarrolló en Sudamérica y respondió a complejas y variadas causas de orden interno y externo que afectaron a los países intervinientes: Paraguay y la denominada Triple Alianza (la Argentina, Brasil y Uruguay). En lo estrictamente militar y naval, esta contienda aprovechó aportes y experiencias de anteriores y recientes conflictos (guerras de Crimea y de Secesión Norteamericana), a la vez que brindó nuevos elementos y enseñanzas para el arte de la guerra y utilizó recursos sorprendentes como el que se describirá en el presente artículo. Marco histórico. Desde su independencia en 1811, la República del Paraguay estuvo regida por gobiernos dictatoriales, autocráticos y paternalistas ejercidos por el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia (1811-1833), por Carlos Antonio López (1840-1862) y por el mariscal Francisco Solano López (1862-1870), que permitieron una tranquila y ordenada situación interna, libre de luchas civiles, con próspero desarrollo económico, finanzas estables, buena infraestructura (astillero, fundición de hierro, ferrocarril, telégrafo, etc.) y un interesante aparato militar (ejército numeroso y aguerrido; flota fluvial de aproximadamente 26 unidades de diverso tipo; sistemas de fortalezas, fortificaciones y trincheras construidas por ingenieros militares europeos que cerraban por tierra y río el acceso a Asunción; arsenal; etc). En lo exterior, los gobernantes paraguayos adoptaron una posición aislacionista, que progresivamente fue atenuándose, que se caracterizó por la desconfianza hacia lo extranjero y en especial hacia sus dos poderosos vecinos: el Imperio del Brasil y la República Argentina. El Imperio del Brasil (Emperador Pedro II, 1840-1889) era un Estado moderno, progresista, pacífico y ordenado con talentosos estadistas, sólidas finanzas y poderosa marina de guerra, que a partir de Caseros (3 de febrero de 1852) había renovado con mayor fuerza sus proyectos expansionistas e intervencionistas en América del Sur; por su parte, la República Argentina (Presidente general Bartolomé Mitre, 1862-1868) recientemente había culminado el proceso de Organización Nacional, aunque seguían existiendo inconvenientes que dificultaban la normal y armónica evolución del país (problema aborigen, alzamientos de los caudillos de las provincias, particularismos provinciales, etc). Paralelamente, ambos países, en especial el Brasil intervenían activamente en los asuntos internos de la pequeña República Oriental del Uruguay, convulsionado Estado que desde su independencia efectiva en 1828 se hallaba en permanente desorden general por los enfrentamientos entre blancos (en el poder entre 1856 y 1865) y colorados (liderados por el General D. Venancio Flores y apoyados por Bartolomé Mitre y el Imperio). EI Estado Oriental era sumamente importante para los planes brasileños de hegemonía en la Cuenca del Plata, secular aspiración portuguesa, lo que afirmaría la posición del imperio dentro del continente permitiéndole también comunicar más fácilmente por vía fluvial sus territorios interiores de Matto Grosso y Amazonas; en lo que hace a nuestro país, sin mayores ambiciones expansionistas, se buscaba tentar con un gobierno afín y amigo en la República Oriental y evitar que ésta fuera totalmente absorbida por la influencia del Brasil. La actuación de Brasil y la Argentina en la débil República Oriental del Uruguay fue vista con gran inquietud por el mariscal Francisco Solano López, Presidente del Paraguay, quien temía que dichos acontecimientos pudieran afectar al país y alterar el equilibrio en el Río de la Plata, a lo que fse unian las imprecisas cuestiones limítrofes de Paraguay con Brasil y la Argentina, la finalización del aislacionismo paraguayo y los objetivos y ambiciones del mariscal (contener a Brasil y la Argentina, defender el gobierno blanco de la República Oriental, intervenir en los asuntos del Río de la Plata, obtener fronteras más seguras y extensas respecto de sus vecinos, etc.), elementos y factores que amenazaban seriamente con provocar un conflicto que podía involucrar a los Estados del Plata. Desde el inicio de las hostilidades hasta la batalla naval del Riachuelo (11 de junio de 1865) En Abril de 1863, el general Flores invadió la República Oriental proclamando una nueva guerra civil contra el gobernó blanco de Montevideo y en septiembre de 1864, un Ejército brasileño al mando del general Osorio penetraba en territorio Oriental en apoyo de los colorados de Flores. Este último acontecimiento incitó al mariscal López a acudir en defensa de los blancos, lo que lo llevó a chocar directamente con los brasileños: en noviembre de 1864 los paraguayos apresaron al vapor Marqués de Olinda sin previa declaración de guerra al Imperio, y al mes siguiente conquistaron Matto Grosso, asegurando así su retaguardia para la guerra que se avecinaba. Bombardeo de Paysandú Paralelamente, la guerra civil en la República Oriental alcanzaba su momento de mayor dramatismo con el célebre y feroz sitio de Paysandú (diciembre de 1864 - enero de 1865); finalmente, en febrero de 1865 caía el gobierno blanco en la Capital uruguaya y el general Flores asumía la Presidencia de la República. El Banco Mauá en 18 de Julio y Treinta y Tres Orientales. Edificio que ocupaba el Ancla de Oro, 8 de Octubre y Treinta y Tres Orientales, por donde en la mañana del 2 de enero de 1865 , se produjo la entrada del enemigo en Paysandú, y la Comandancia Militar, todos con las huellas del feroz bombardeo brasileño. El Comodoro argentino D. José Muratore y su plana mayor en la cubierta del " 25 de Mayo" en aguas sanduceras, en diciembre 1864; y el desembarco de la oficialidad y la tropa.- ( debe ser del "25 de Mayo" ) Un vapor atacante en la costa y el "El Villa del Salto" incendiado. El triunfo de los colorados, logrado gracias al inapreciable apoyo del Imperio y las anteriores agresiones paraguayas de fines de 1864, motivaron la guerra entre el Paraguay y el Imperio del Brasil. Para la misma, el mariscal López necesitaba imperiosamente atravesar territorio argentino para iniciar las hostilidades solicitando el correspondiente permiso al Presidente Bartolomé Mitre, quien se lo negó afirmando su neutralidad en la Cuestión Oriental. Ante dicha negativa, el mariscal decidió igualmente pasar por nuestro territorio recurriendo a la fuerza y violando la soberanía argentina: en abril de 1865 los paraguayos ocuparon la ciudad de Corrientes y capturaron dos vapores que allí se encontraban (Gualeguay y 25 de Mayo), todo ello sin existir estado de guerra entre Paraguay y la Argentina. En mayo se concretaba la Triple Alianza y se hacía efectiva la* guerra entre nuestro país y el Paraguay. Inmediatamente, se procedió a la organización de las fuerzas aliadas, cuyo mando supremo asumió el Presidente general Bartolomé Mitre; por el lado paraguayo, el mariscal López dispuso pasar rápidamente a la ofensiva enviando 2 columnas: una al mando del general Robles (20.000 hombres) debía descender por el río Paraná y otra bajo el teniente coronel Estigarribia (11.000 hombres) lo haría por el río Uruguay. Los objetivos militares del mariscal eran apoderarse de las provincias de Corrientes y Entre Ríos (donde se buscaba lograr el apoyo de los federales de Urquiza) y ocupar Río Grande do Sul desde donde se operaría luego sobre la República Oriental para reestablecer en el poder a los blancos. Por el lado del Paraná, el general Robles en su avance estableció baterías artilladas en las barrancas y costas del río, en tanto que los aliados respondían a la ofensiva paraguaya con la rápida y temporaria reconquista de la ciudad de Corrientes (25 de mayo de 1865) lograda por el general Wenceslao Paunero. Conciente de la importancia del río Paraná para el desarrollo de las operaciones presentes y futuras, el Comandante naval aliado almirante Tamandaré envió una División al mando del capitán de navio Francisco Manuel Barroso, que fondeó algunos kilómetros al Sur de la capital correntina con la misión de colaborar con las tropas del general Paunero y de hostilizar y aislar a la columna del general Robles cortando sus comunicaciones con el territorio paraguayo. Esto último preocupaba seriamente al mariscal López quien buscó derrotar y apresar a la División Barroso enviando a tal efecto a lo mejor de la flota paraguaya comandada por el capitán de fragata Pedro Ignacio Meza. Ambas fuerzas navales (1) se enfrentaron en las inmediaciones del Riachuelo el 11 de junio de 1865, resultando vencida la flota paraguaya que quedó totalmente fuera de combate desintegrándose al poco tiempo. (Ver La Batalla de Riachuelo aqui) Consecuencias del Riachuelo y desarrollo posterior de la guerra (1865-1867) Con su victoria en el Riachuelo, la Marina brasileña se hacía dueña de las aguas desde el Plata hasta la confluencia del Paraná con el Paraguay (Tres Bocas), lo que incidió en la evacuación de Corrientes por parte de las tropas paraguayas y en las posteriores operaciones bélicas, en tanto que los paraguayos habían perdido prácticamente toda su flota de guerra y las comunicaciones exteriores con Europa (en donde se había gestionado y logrado la construcción de algunos acorazados que cayeron luego en poder del Imperio) únicamente posible a través de los tíos de la Cuenca del Plata. Mientras tanto, la columna del Uruguay comandada por el teniente coronel
Estigarribia (que había conquistado Uruguayana), era igualmente
derrotada por los aliados en Yatay (agosto de 1865) debiendo por fin
capitular el 18 de setiembre. Expulsados los paraguayos de Corrientes y Río Grande do Sul y con el Paraná en poder de los buques de guerra imperiales, los aliados concentraron todas sus fuerzas militares y navales en Paso de la Patria (Norte de Corrientes) con el objetivo de cruzar el rio e invadir el territorio paraguayo, magistral y enorme operación que se realizó con todo éxito entre el 16 y 121 de abril de 1866. Inmeditamente, los aliados ocuparon el campo fortificado de Paso de la Patria (lado paraguayo) y el fuerte de Itapirú, obligando al mariscal López y a sus tropas a replegarse hacia el interior y cerrar por tierra el camino hacia Asunción, estableciendo trincheras y abundante artillería y aprovechando obstáculos naturales tales como esteros, lagunas y pantanos, en tanto que sobre las costas del rio Paraguay se hallaban fortificaciones y trincheras (Curuzú, Curupaytí y Humaitá), aparentemente inexpugnables, que clausuraban la navegación fluvial hacia la Capital, aunque también hacían lo mismo por el lado terrestre.
El avance del ejército aliado y las contraofensivas paraguayas provocaron los terribles y sangrientos encuentros de Estero Bellaco (2 de mayo de 1866), Tuyutí (24 de mayo de 1866), Boquerón (julio de 1866) y Sauce (julio de 1866), que causaron numerosas bajas a ambos adversarios. Luego de estas durísimas batallas, el mariscal López decidió hacerse fuerte dentro del denominado "Cuadrilátero", donde habría de resistir hasta el 23 de marzo de 1868, cuando lo abandonó. Paralelamente, la escuadra brasileña (permanentemente reforzada por modernos buques de reciente construcción) al mando del almirante Tamandaré se dispuso a abrir el río Paraguay para colaborar con el avance aliado terrestre y destruir las posiciones paraguayas de Curuzú, Curupaytí y Humaitá para llegar finalmente a Asunción y ocuparla. El 3 de setiembre de 1866, los brasileños conquistaban Curuzú, luego de una exitosa maniobra anfibia combinada entre Tamandaré y el Barón de Porto Alegre. El 22 de setiembre de 1866, los aliados sufrieron su mayor derrota en toda la guerra cuando intentaron dominar Curupaytí, terrible fracaso que provocó cambios en los mandos aliados, una oleada de descontento popular hacia la guerra (en especial en Argentina) y una prolongada interrupción y paralización de las hostilidades.Entre octubre de 1866 y julio de 1867, las fuerzas combatientes entraron en un obligado período de inactividad y reorganización general debido a la necesidad de reponer tropas y material de guerra a causa de las numerosas bajas y pérdidas sufridas durante los enfrentamientos de 1866 y provocadas también por las enfermedades regionales. A partir de julio de 1867, los aliados reiniciaron las hostilidades buscando rodear la sólida posición paraguaya del "Cuadrilátero", donde se hallaba encerrado el mariscal López con sus tropas, efectuaron un extraordinario flanqueo terrestre por el sector Este (Julio a noviembre de 1867), destacándose la maniobra envolvente sobre Tuyú - Cué y la segunda batalla de Tuyutí. Al mismo tiempo, en agosto de 1867, buques brasileños superaban con éxito Curupaytí (cuyas tropas la evacuarían al poco tiempo), complementando desde el río Paraguay la operación de flanqueo del "Cuadrilátero", a la vez que se afirmaba el dominio fluvial de los imperiales. El forzamiento del paso de Humaitá (19 de febrero de 1868) y sus efectos Vencidas Curuzú y Curupaytí quedaba únicamente la fuerte posición fortificada de Humaitá como el obstáculo fluvial y terrestre más serio en dirección hacia Asunción. Dicha posición era la más poderosa e importante con que contaban los paraguayos y en ella se depositaron las mayores esperanzas para contener a los aliados, mientras que para éstos últimos, en especial para los brasileños, era objeto de un profundo respeto y temor. Efectuado el citado flanqueo del "Cuadrilátero" por el Este, el ejército aliado impuso sitio terrestre a Humaitá. Por su parte, los brasileños fueron conscientes de que superando Humaitá a través del río Paraguay se prestaría un relevante apoyo a la operación mencionada anteriormente, a la vez que se profundizaría el dominio de aquella importante vía fluvial lo que permitiría alcanzar finalmente Asunción sin mayores complicaciones. Luego de largas vacilaciones, el vicealmirante Joaquín José Ignacio (Vizconde de Inhaúma), que había relevado a Tamandaré, dispuso que una División naval al mando del capitán de navio Delphim Carlos de Carvalho compuesta por los acorazados Barroso, Bahía y Tamandaré y los monitores Río Grande, Alagoas y Para, debía cumplir la aparentemente imposible misión de enfrentar y superar Humaitá. Bombardeo de Itá-Pirú El 19 de febrero de 1868, la División de Carvalho forzaba con éxito el paso de Humaitá soportando el furibundo fuego de la artillería paraguaya, cuyos disparos no provocaron daños de consideración en los buques brasileños. Éstos continuaron navegando aguas arriba y a los pocos días se hallaban frente a Asunción bombardeando esta ciudad aunque sin poder tomarla todavía, quedando así destruido el mito de la inexpugnabilidad de Humaitá. Hundimiento del "Rio de Janeiro" por una mina paraguaya.
La aparición de las canoas enmascaradas y su empleo durante la guerra La situación estratégica al comenzar el mes de marzo de 1868, distaba de ser favorable para las fuerzas paraguayas. El mariscal López se hallaba refugiado en el "Cuadrilátero", en donde se encontraba bastante seguro a pesar de estar rodeado por tierra por el ejército aliado; sin embargo, el forzamiento del paso de Humaitá por los buques brasileños del capitán de Carvalho, constituyó un duro golpe para el mariscal, pues ello amenazaba seriamente con dejar el río Paraguay en poder de la escuadra imperial, lo que preocupó mucho al Presidente paraguayo ya que al tener bastante comprometidas sus comunicaciones terrestres por las operaciones mencionadas, el río se le presentaba como la única vía posible para sus desplazamientos y futuras acciones bélicas y para tratar de mantener contactos con Asunción y con los otros puntos defensivos establecidos en las costas (Timbó, Laurel y Monte Lindo). Disputar y arrebatar el río Paraguay a la poderosa escuadra del Imperio y evitar la caída definitiva de Humaitá, fueron para el mariscal López, objetivos estratégicos prioritarios pero difícilmente realizables, a causa de las importantes pérdidas sufridas por la flota de guerra paraguaya en la batalla naval del Riachuelo y de que los acorazados que Paraguay había mandado a construir en Europa años atrás no pudieron ser recibidos a tiempo cayendo en poder de los brasileños. Aun estando privado de medios navales adecuados para proteger Humaitá, enfrentar a los buques imperiales y hacerse fuerte en el río Paraguay, el mariscal López no se dio por vencido e intentó desesperadamente y por todos los medios posibles revertir el curso de la guerra y la crítica situación estratégica en que se encontraba. El empleo de técnicas y procedimientos de enmascaramiento y concretamente de ingeniosas y originales canoas enmascaradas fue, según la opinión del mariscal, el recurso más apropiado y efectivo para poner en práctica en aquellos momentos (2). Dichas embarcaciones, sumamente curiosas, debían ser canoas de tipo monóxilo cuyo reducido calado permitía que fueran fácilmente cubiertas con camalotes y con todo vegetal arrastrado por los ríos; de esa manera, sus tripulantes se escondían debajo de esa maraña y con sus remos orientaban lentamente las canoas así disfrazadas y disimuladas hasta los buques enemigos a fin de atacarlos, fingiendo ser los conjuntos de plantas que a menudo, aunque por lo general en épocas de creciente, se encontraban en los ríos en bastante abundancia y densidad llevados a merced de la corriente. Sin embargo, las canoas enmascaradas no constituían una novedad en el Paraguay, pues siglos atrás ya habían sido utilizadas por los antepasados aborígenes de los paraguayos, los guaraníes, para oponerse a los barcos europeos, en especial españoles, que a partir de 1527 habían iniciado la conquista y colonización de la Cuenca del Plata y del Paraguay. De esta manera, nos encontramos con un recurso naval de secular tradición aborigen, que con toda seguridad no debía ser desconocido por el mariscal López, quien astutamente lo recogió y adaptó a las necesidades bélicas del momento. A la hipótesis del conocimiento previo de las canoas enmascaradas por parte del mariscal López, debemos agregar también como fuente inspiradora de dicho recurso la particular personalidad del mariscal, cuya imaginación no tenía límites, en especial si buscaba modificar una situación que no le era favorable. Esto fue reconocido por sus mismos adversarios brasileños; por ejemplo, el Vizconde de Ouro Preto afirmó que: "Las aguas del Paraguay, batiendo continuamente contra sus márgenes, en muchos puntos poco resistentes, desprendían frecuentemente grandes trozos de terreno cubiertos de matas de bosque o arbusto, que flotan a merced de la corriente, hasta que se deshacen al encontrarse con las barrancas, en las vueltas más rápidas, o por efecto de infiltración de las mismas aguas, durante el trayecto de inmensas distancias que superan tales bloques. Camalotes, llaman en el país a esas errantes islas de efímera existencia, que más numerosas se forman en épocas de grandes crecientes. Día y noche se ven descender lentamente, por decenas, por los ríos, en una dirección, o en otra, al capricho de las olas. La reproducción del hecho, que constantemente presenciaban [los brasileños] , ya no debía despertar la atención de los encorazados, fondeados cerca de Humaitá y durante el bombardeo. Se le ocurrió a López aprovecharse de esa circunstancia y del fenómeno descripto, para engendrar un ardid de guerra..." (3). Igual observación efectuó al respecto el mariscal Vizconde de Maracajú: Las canoas que posteriormente eran enmascaradas, como dijimos, tal vez debían ser de tipo monóxilo; de ser así, sus técnicas de construcción y sus características estructurales y náuticas debieron seguir fielmente, con toda probabilidad, el modelo guaraní tradicional. Preparadas las canoas para entrar en acción: " Todo el mundo iba sentado {...] llevando en la mano hojas o ramas de camalotes y aguapeés, de manera que cada partida, así disfrazada, se confundiese con las islas flotantes de estas plantas acuátiles que con abundancia bajaban a son de la corriente, por ser época de creciente" (5). El plan del mariscal López era enviar a sus canoas enmascaradas a actuar en el río Paraguay para atacar, asaltar y tomar al abordaje a los buques brasileños que operaban entre Curupayty y Asunción. Así, con la captura de alguno de esos buques, el mariscal podría tripularlos con sus hombres y enfrentar con mejores perspectivas y posibilidades de éxito al resto de la escuadra imperial, lo cual consideraba de suma importancia para el transcurso posterior de la guerra; por otra parte, el mariscal López habría logrado así su venganza sobre los brasileños, quienes habían osado arrebatarle los acorazados que con tanto orgullo y esperanzas había mandado a construir en el Viejo Mundo (6). La obsesión del mariscal López por apresar buques del Imperio era perfectamente conocida. El coronel Juan Crisóstomo Centurión recordaba que el "mariscal López, empeñado siempre en encontrar algún medio para hacer cambiar de rumbo a la guerra, en sentido favorable al Paraguay, concibió la atrevida idea, propia de su carácter, de apoderarse si no de todos, a lo menos de algunos cuantos de los encorazados..." (7), en tanto que el teniente coronel Jorge Thompson decía que una de las mayores ambiciones del mariscal era tomar alguno de aquellos buques (8). En caso de que los paraguayos lograran apoderarse de algunos buques brasileños, el mariscal López opinaba que ello sería suficiente para modificar totalmente el panorama estratégico fluvial en su favor, lo que permitiría inmediatamente alejar del río Paraguay a la escuadra imperial y tomar la iniciativa allí. Este convencimiento estaba tan arraigado en el ánimo del mariscal que el teniente coronel Thompson destacó que "López sabía perfectamente, que si llegaba á apoderarse de un encorazado, y lo tripulaba con sus propios hombres, daría cuenta de toda la escuadra brasilera arrojándola de sus aguas"...(9); igualmente, Sir Richard F. Burton, en sus Cartas dos campos de batalha do Paraguai, reconoce que "era opinión general que, disponiendo de un único acorazado capturado, ellos [paraguayos] abrirían el río" (10). Las capturas mencionadas, a realizarse mediante el empleo de canoas enmascaradas, estaban también íntimamente vinculadas con la defensa de Humaitá, con todas las consecuencias derivadas de ello (11). Las canoas enmascaradas debían realizar inesperados ataques nocturnos (a los efectos de no ser sentidas ni descubiertas) sobre los buques del Imperio, que de inmediato serían tomados al abordaje por los tripulantes paraguayos, quienes tras eliminar y dejar fuera de combate a las dotaciones enemigas, se harían dueños finalmente de los mismos. Esta táctica basada en la sorpresa y complementada por la práctica del abordaje, buscaba sembrar la confusión y el desorden a bordo de los buques atacados a fin de imposibilitar cualquier tipo de reacción y defensa por parte de las tripulaciones brasileñas. Debemos destacar que esta forma de proceder también fue muy utilizada en el pasado por los guaraníes, en tanto que al igual que en la batalla naval del Riachuelo, los tripulantes de las canoas enmascaradas debían recurrir a la práctica del abordaje, algo muy común entre los hombres de pelea del Paraguay en las luchas fluviales. Para comandar y tripular las canoas enmascaradas, el mariscal López utilizó hombres audaces, de gran coraje y valor, especialmente seleccionados y que además se destacaban por ser excelentes nadadores. Todos ellos procedían de la propia guardia personal del mariscal y especialmente de diferentes regimientos de caballería (por ejemplo, el n210, el n219 y el n221). El Jefe de las canoas enmascaradas fue el bravo capitán Ignacio Genes (o Xenes), teniendo a su vez como inmediatos subordinados a los Capitanes de caballería José Tomás Céspedes, Eduardo Vera y Manuel Bernal. En cuanto al número total de efectivos que integraban las dotaciones de las canoas enmascaradas, Sir Richard F. Burton (12) informa que era de 1.200 hombres; el Vizconde de Ouro Preto (13) y el mariscal Vizconde de Maracajú (14), lo elevan a 1.400, distribuidos en 7 Compañías de 200 hombres cada una, debiendo cada Compañía embarcar en un grupo de 8 canoas; por su parte, el coronel Centurión (15), indica que se habían organizado 4 Divisiones, cada una de las cuales se componía de 50 individuos, lo que daba un total de 200 hombres. Luego de efectuadas algunas prácticas y ejercicios previos, las canoas enmascaradas entraron en acción por primera vez en la guerra en la madrugada del 2 de marzo de 1868 (16), con la misión de apoderarse de los acorazados brasileños Lima Barros (Comandante: capitán de fragata Aurelio Garcindo) y Cabral (Comandante: capitán teniente Alves Nogueira) (17), que se hallaban fondeados en las inmediaciones de Humaitá. En este primer ataque intervinieron 48 canoas según Sir Richard F.Burton (18), mientras que el capitán de fragata Teodoro Caillet Bois (19) y el teniente coronel Thompson (20) consideran que fueron 24; en cuanto al número de tripulantes de cada canoa enmascarada, serían 25 para Burton (21), el coronel Centurión (22) y el mariscal Vizconde de Maracajú (23) y 12 para el teniente coronel Thompson (24); finalmente, dando cifras del total de efectivos paraguayos que tomaron parte en esta operación, Thompson (25) lo calcula en 288 hombres y el capitán Caillet Bois (26) en 300. Para completar con algunos datos más, el escritor Manuel Gálvez menciona en la novela Humaitá (Pág.174) la existencia de 24 canoas y 250 hombres en la operación que nos ocupa. Las canoas enmascaradas, fueron unidas de a pares por un cabo largo y resistente para mantener el orden y la organización entre las mismas y fundamentalmente para que una vez que dicho cabo tocase la proa de los acorazados, las embarcaciones, impulsadas por la sola acción de la corriente, se deslizaran plegándose sobre ambas bandas de aquéllos e iniciaran el acto de abordaje (27). Los paraguayos que integraban las tripulaciones de las canoas enmascaradas estaban armados con pistolas, espadas, machetes, sables, cuchillos y granadas de mano. Nos resulta curioso que se llevaran estas últimas, teniendo en cuenta que el objetivo no era provocar daños en los acorazados sino simplemente capturarlos e incorporarlos a los escasísimos medios navales con que contaba Paraguay. Culminados todos los preparativos para efectuar su debut en la guerra, las canoas enmascaradas zarparon desde Humarte rumbo a sus primeras víctimas el Lima Barros y el Cabral. Esta pequeña pero audaz travesía fue así descripta por la magistral pluma de Manuel Gálvez: " ¡Atacar con unas pobres canoas a poderosas máquinas de guerra! Pero
era preciso triunfar. [...]. Las canoas se arrastraban lentamente, lentamente... En la oscuridad, las gigantescas manchas de los acorazados parecían fantasmas. Apenas podían verse las orillas. Las canoas, por el medio del río, sin que nadie remase, ya se acercaban. ¡Qué poquita cosa eran ellos para luchar contra aquellas moles y sus cañones!" (28). Sin embargo, la suerte no acompañaría a las valientes tripulaciones de las canoas enmascaradas; en efecto, el factor sorpresa (decisivo para este tipo de operaciones) fracasó por una circunstancia casual y fortuita al aparecer de repente un bote brasileño que cumplía servicios de guardia, cuyo jefe (el guardiamarina José Roque da Silva), "notando que descendían cadenciosamente muchas islas flotantes de camalotes guardando en su movimiento y disposición mucho orden y regularidad, entró en sospecha y enderezó la proa de su bote hacia ellas para reconocerlas. Al acercarse a la que iba delante [...] fue sorprendido por el ruido que produjo el choque de la proa de su bote contra la canoa forrada de camalotes. Entonces conoció que no se trataba de una simple isla de plantas acuátiles, sino de una tramoya griega, es decir, de una embarcación paraguaya, que equivalía tanto como decir de un lobo con piel de oveja!" (29). Para colmo de males, las canoas enmascaradas no lograron conservar el orden inicial y como la corriente del río era tan fuerte en ese momento, varias embarcaciones chocaron entre sí, se desviaron de los acorazados elegidos para atacar o bien fueron arrojadas aguas abajo en dirección al resto de la escuadra imperial, donde fueron descubiertas, capturadas o destruidas (30). Pese a todo, los bravos paraguayos que tripulaban las canoas enmascaradas no retrocedieron ante las adversidades mencionadas y los que pudieron alcanzar con sus embarcaciones al Lima Barros y al Cabral, efectuaron los abordajes con una rapidez excepcional. Así se expresó el coronel Centurión: "Los nuestros a guisa de monos saltaron unos tras otros a bordo, encontrando sobre cubierta unos treinta hombres, restos de otros que ya se habían metido adentro. Los primeros, por supuesto, fueron todos muertos en un santiamén" (31). Inmediatamente de efectuados los abordajes, "los paraguayos [...] corrían en busca de los lugares de entrada, como un gato atacando a una rata acorralada" (32), transformándose las cubiertas de ambos acorazados en un verdadero infierno donde comenzó una feroz y sangrienta lucha cuerpo a cuerpo y a arma blanca; al mismo tiempo, muchos brasileños lograron ponerse a salvo de la horda paraguaya encerrándose a tiempo en los compartimientos del buque y en las escotillas, torres y casamatas desde donde partió un intenso fuego de fusilería y metralla sobre los audaces asaltantes. Estas espantosas escenas fueron así descriptas por el Vizconde de Ouro Preto: "Los centinelas de vigilancia y las plazas de guarnición [...], se
trababan brazo a brazo con los paraguayos [...] .El Comandante Garando y
el jefe de división Rodrigues da Costa, que, al recibir el aviso [...]
resuelven organizar la defensa en el interior del acorazado y se dirigen
al combés, para mandar a las plazas allí destacadas, que se retirasen,
siendo envueltos por el enemigo. Durante estos salvajes enfrentamientos, los paraguayos estuvieron a punto de dominar al Cabral, pero oportunamente aparecieron en escena los acorazados Silvado, Herval, Mariz e Barros y Brasil, que ya habían tomado conocimiento de lo que sucedía, barriendo con terribles y continuos disparos de metralla los combeses y cubiertas de los acorazados atacados, en los que peligrosamente parecían afirmarse los asaltantes paraguayos. Así se puso fin al primer intento del mariscal López de querer apoderarse de los buques brasileños utilizando canoas enmascaradas. En cuanto a los saldos de tan sangrienta noche, por ejemplo, Thompson (34) estima que los paraguayos perdieron 200 hombres y los brasileños 40; para el coronel Centurión (35) murieron 150 compatriotas suyos y 40 enemigos; y para el Vizconde de Ouro Preto (36), se encontraron 108 paraguayos muertos en los acorazados Lima Barros y Cabral, en tanto que las bajas brasileñas apenas se limitaron a 8 hombres. Debe destacarse que del lado paraguayo, el capitán Ignacio Genes fue gravemente herido y que el capitán José Tomás Céspedes cayó prisionero de los brasileños; éstos por su parte, debieron lamentar la muerte del capitán de navio Rodrigues da Costa (Jefe de la División acorazados). De esta primera experiencia de operaciones de asalto y abordaje con canoas enmascaradas en la guerra, se efectuaron algunos análisis y observaciones: por ejemplo, Sir Richard Burton (37) opinó que tal vez hubiera sido más provechoso para los paraguayos destruir los acorazados brasileños empleando torpedos a botalón desde las canoas enmascaradas; por su parte, el coronel Centurión no ocultó su desacuerdo respecto de las instrucciones dadas por el mariscal López al Jefe de las canoas enmascaradas, que debían: "... abordar a la vez los cuatro encorazados de vanguardia; pero si por cualquier evento no fuesen abordados sino uno o dos, las otras divisiones deberían darles protección. Aquí padeció el mariscal una evidente equivocación. Si hubiese dado la orden sencillamente para abordar a los cuatro encorazados en absoluto, sin ninguna otra modificación, el éxito de la expedición era infalible. La circunstancia de haberse quedado dos encorazados libres, influyó poderosamente para el fracaso Estos vinieron a prestar auxilio a los asaltados..." (38) Las consecuencias del fracaso nocturno del 2 de marzo de 1868 pronto se hicieron sentir para el mariscal, quien, además de verse cada vez más estrechado por los aliados por tierra y río, vio muy comprometida la situación de Humaitá, a tal punto que decidió evacuar el "Cuadrilátero" a fines de marzo y dejar una reducida guarnición en aquella posición, retirándose en dirección a Timbó para continuar desde allí la resistencia. Para mejorar su situación estratégica en el río Paraguay y para poder conservar Humaitá, el mariscal López jugó una de sus últimas cartas intentando nuevamente capturar algún buque brasileño, recurriendo por segunda vez a las canoas enmascaradas. A tal efecto, se reunieron 24 embarcaciones y un total de 240 tripulantes (39) (entre los que se encontraban Oficiales de marina, marineros y maquinistas, para conducir los buques enemigos en caso de que lograran ser apresados), organizándose 2 Divisiones de 12 canoas cada una, todo bajo el mando del mayor Lino Cabriza. Las canoas enmascaradas fueron enviadas al río Bermejo, desde donde iniciaron la operación. Esta consistía en tomar al abordaje al acorazado Barroso ( Comandante: capitán de fragata Artur Silveira da Mota, luego almirante Jaceguai) y al monitor Río Grande (Comandante: capitán teniente Antonio Joaquím) (40), que se encontraban al ancla muy cerca de Tayí (o Tahy), al Norte de Humaitá. El 9 de julio de 1868, las canoas enmascaradas zarparon desde el río Bermejo en dirección a sus dos víctimas "navegando aguas abajo, cubiertas de camalotes [...] para imitar a las islas flotantes que abundaban en el río por ser época de creciente, llegaron a media noche al lugar donde estaban los encorazados" (41). A su vez, el Vizconde de Ouro Preto informó que en la noche del "9 al 10 de julio [de 1868], numerosas canoas, llenas de gente, salieron del río Bermejo, costearon la isla de Monterita y cubriéndose con un gran grupo de hierbas acuáticas, a pequeña distancia de los dos navios, los atacaron repentinamente sin que, todavía, pudiesen ser sorprendidas" (42). Según Thompson (43) y Von Versen (44), en la madrugada del 10 de julio, las canoas enmascaradas llegaron hasta muy cerca de los dos buques imperiales sin ser sentidos ni percibidos, dando resultado inicialmente el factor sorpresa, lo que permitió el exitoso abordaje al monitor Río Grande. Aquí fueron muertos el Comandante, capitán teniente Antonio Joaquím y algunos tripulantes, aunque varios de éstos pudieron escapar a tiempo hacia el interior del buque. En cuanto al Barroso, la fortuna estuvo de su parte, ya que las canoas enmascaradas que debían tomarlo al abordaje se desviaron por acción de la fuerte corriente del río Paraguay, entrando en la más absoluta confusión y desorden. Al quedar dicho acorazado fuera de peligro y más atento y lúcido ante el nuevo ataque, pudo auxiliar sin mayores inconvenientes al Río Grande, que se hallaba en una difícil situación, limpiando a fusil y metralla al monitor lleno de osados asaltantes paraguayos, que quedaron rápidamente fuera de combate. Esta operación, al igual que la del 2 de marzo, también terminó en un rotundo fracaso y fue igualmente objeto de severas críticas, por ejemplo, por parte del coronel Centurión, quien consideró que la misma fue "un sacrificio estéril de vidas valiosas que bien pudieron haberse ahorrado para empresas más asequibles" (45); además, con esta segunda derrota de las canoas enmascaradas, quedó rápidamente sellada la suerte de Humaitá, que se rindió a los aliados en agosto de 1868 tras heroica resistencia, desvaneciéndose toda esperanza del mariscal López por intentar imponer su presencia en el teatro de opepciones fluvial, que finalmente debió ceder a la escuadra imperial brasileña. Consideraciones finales Las técnicas y procedimientos de enmascaramiento naval en donde se
utiliza, entre otras cosas, vegetación natural terrestre y acuática, se
aplican tanto en el mar como en los los y se usaron con mucha frecuencia
a partir de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918) y de manera
particularmente intensa durante la Segunda Guerra Mundial (1939 -1945) y las
guerras de Indochina (1946 - 1954) y Vietnam (1964 - 1975), aunque, como
vimos en el presente trabajo, la Guerra de la Triple Alianza (1865 -
1870) nos ha demostrado sus aplicaciones en épocas anteriores a los
conflictos bélicos mencionados. ■ No se descarta la influencia de
prácticas similares de tradición e inspiración aborigen. Para culminar con este trabajo, debemos destacar que el empleo de canoas enmascaradas en la Guerra de la Triple Alianza, sirvió posteriormente de inspiración a un simpático y pintoresco entretenimiento, muy practicado entre los marinos brasileños, cuya descripción transcribimos de la Revista Marítima Brasileira: "En la Marina, los hábitos atraviesan los años, llegando a nuestros días en que los oficiales brincaban por las noches, llevando a los destructores fondeados en Isla Grande, un muñeco vestido de rojo (simulando los uniformes paraguayos) para colocarlo en el combés del navio fondeado. Este procuraba devolver el muñeco a otro navio; aquel que al amanecer era encontrado con la figura, sin duda se consideraba perdedor, pero intentaba devolverlo a la primera oportunidad" Fuentes consultadas Bordeje Morencos, Fernando. Diccionario militar, estratégico y político.
Editorial San Martín.Serie Historia del Siglo de la Violencia, Madrid. Nota: Los mapas reproducidos han sido tomados de los trabajos de Fermín Eleta ya citado
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1) Eran
las siguientes: Del Imperio del Brasil: Jefe, capitán de navio Francisco Manuel Barroso. Fragata Amazonas (insignia); corbetas Jequitinhona y Beberibe y cañoneras Belmonte, Iguatemi, Mearim, Araguarí, Ipiranga y Parnaíba. Todos estos buques erdtf de casco de madera y tenían hélice, a excepción de la Amazonas que era a rueda. La artillería alcanzaba a un total de casi 59 cañones, muchos de ellos rayados Witworth, con calibres de entre 30 y 77 libras. De Paraguay: Jefe, capitán de fragata Pedro Ignacio Meza. Vapores Tacuarí (Insignia. Construido en Gran Bretaña, era el mejor buque), Paraguarí, Igurey, Iporá, Marqués de Olinda (capturado a los brasileños en 1864), Jejuy, Salto Oriental y Pirabebé y 6 chatas artilladas. Los vapores eran casi todos a rueda, tenían casco de madera y contaban con alrededor de 40 cañones de calibres no mayores de 32 libras y todos lisos y de avancarga (salvo uno sólo que era rayado y de retrocarga). Las chatas estaban armadas cada una con un grueso cañón de 68 u 80 libras. Ambas fuerzas tenían embarcadas tropas de ejército. (2) Entendidos en la materia, sugirieron utilizar el término
enmascaradas, por considerarlo más adecuado desde el punto de vista
estrictamente técnico. Además, la palabra castellana enmascaramiento
corresponde a su similar francesa camouflage, que, no obstante, es la
que tiene más difusión. De todas formas, daremos a continuación una
serie de breves definiciones para completar los aspectos que hacen a la
terminología en cuestión: Camouflage: "Disfraz bajo el cual se oculta
algún objetivo militar o naval. El camouflage trata de identificar el
objetivo con el ambiente que lo rodea. Generalmente se trata de pintura,
follaje, pasto, redes, lonas pintadas, etc.." (Kaplan, Osear.
Diccionario militar. Pág. 129). (3) A marinha d'outrora. Pág. 189. (9) La guerra del Paraguay. Tomo II. Pág. 47. Ver también: Centurión,
J.C. Memorias o reminiscencias históricas sobre... Op. Cit. Pág. 105. (16) Según el Vizconde de Ouro Preto: "Cada Compañía debía embarcar en
ocho canoas o chalanas, unidas dos a dos, pero formando un solo grupo
disfrazado con ramas y árboles, de manera que simila-ran ser camalotes
en la oscuridad de la noche". (A marinha d' out-rora. Pág. 189). Ver
también mariscal Vizconde de Maracajú (Campanha do Paraguay... Op. Cit.
Págs. 76-77). (28) Humaitá. Pág. 174 - 175. 102. Véase también el siguiente relato de Manuel Gálvez: "En un instante, los sables estuvieron en las manos. Saltaron los paraguayos y cayeron dentro del buque. Detras de Genes [...] subieron los demás, atropelladamente, agarrándose a lo que podían, usando ganchos para el abordaje". (Humaitá. Pág. 175). (32) Burton, R. F. Cartas dos... Op. Cit. Carta XIV. Rumbo a Humaitá (Humaitá,
23de agosto de 1868).Pág. 271. (38) Memorias o reminiscencias... Op. Cit. Tomo III. Pág. 103. (45) Memorias o ... Op. Cit. Tomo III. Pág. 121 (46). f/^#7jJJ |
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